Hay un nombre y una cifra marcados a fuego en la página web de Carlos Soria: Kangchenjunga 8586 metros. Será su próxima expedición, esa en la que intentará alcanzar la decimosegunda de las catorce cimas más altas del mundo, los llamados “ochomiles”. Un reto para todo amante de la escalada. Una locura para una persona de 72 años.
Empleado desde crío en un anodino trabajo como tapicero, siempre encontró en las cumbres el lugar ideal para dejar volar su mente, para escaparse de la rutina arrastrando a los demás en el camino. Con la montaña experimentó un crecimiento vital paralelo. En ella vivió jornadas de adolescencia con sus amigos improvisando tiendas de campañas, allí conoció a su mujer, por sus laderas vio como se sesgaba la vida de otros que compartían sus mismos sueños.
Humilde por naturaleza, no son muchos los que sabían de su reto hace unos meses, cuando se veía obligado a costearse de su propio bolsillo las expediciones. Una tras otra, siempre en el anonimato, iba sorteando obstáculos. Hollados con menos de 60 años el Manga Parbat y Gasherbrum II iban apareciendo en su lista de gestas el Cho Oyu, el Everest, el K2, el Sisha Pagma… siendo en algunos de ellos el hombre de más edad en completar la ascensión.Todas estas experiencias pueden verse en el extenso Curriculum que aparece reflejado en su portal de internet. Una dirección sencilla pero a la vez reivindicativa en la que, junto al .com aparece su nombre con la palabra alpinista a continuación. Como dando a entender que frente a lo común, ese amor por subir a lo más alto le convierte en un elegido, le permite diferenciarse de sus homónimos.
Para tener el reconocimiento que su hazaña merece ha necesitado tiempo y patrocinadores, los mismos que han convertido su historia en el más claro ejemplo de superación. Él se encuentra cómodo en ese papel y no lo rehúye pero siempre desde la coherencia. Está dispuesto a darlo todo por entrar en la historia pero no su bien más preciado. Ya son varias las ocasiones en las que ha reculado en vez de jugárselo todo a cara o cruz. Por peculiar que parezca en una persona que ha superado los 70 años, el tiempo y el tesón parecen sobrarle. Consciente de sus limitaciones, se adapta a ellas de forma juiciosa sabiendo que aún tiene muchas cosas que compartir con los suyos, su otra gran pasión.
Lejos quedan ya los tiempos en los que, encerrado entre cuatro paredes para buscarse la vida, se escabullía para respirar aire fresco en sierras y cordilleras. Desde la libertad que le da su bien ganada jubilación, donde otros se orientan hacia el arte, la lectura o la cría de animales, él ha elegido seguir acariciando el cielo mientras ayuda a los más desfavorecidos y transmite en conferencias, a todo el que quiera oírle, su pasión.

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